Historia del punto de cruz

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Orígenes del punto de cruz

Se cree que el ejemplo más antiguo de punto de cruz data del año 500 d.C. El diseño está trabajado por completo a base de cruces verticales sobre lino; el fragmento fue descubierto en un cementerio copto del Alto Egipto. Han sobrevivido muy pocas piezas de tejidos decorados pertenecientes a la época antigua o primitiva de la civilización cristiana, pero esto no significa necesariamente que se empleasen poco las puntadas decorativas. Los tejidos naturales son perecederos y no sobreviven tan bien como los numerosos útiles de metal y cerámica hallados en los yacimentos arqueológicos. Todavía no disponemos de pruebas suficientes que nos permitan trazar los orígenes exactos del bordado a punto de cruz. Algunos historiadores sugieren que su desarrollo debe mucho a la artesanía china, pues se sabe qu este bordado florecía ya durante la dinastía T'ang, entre el 618 y el 906 d. C. Es bastante factible que estos diseños a punto de cruz y sus técnicas se extendieran después desde China, a través de India y Egipto, hasta las civilizaciones de Grecia y Roma y, desde allí, a todos lo países del este del Mediterráneo y de Oriente Medio.
Otros sugieren que la divulgación del bordado a punto de cruz puede haberse dado en sentido completamente opuesto, ya que la primera migración importante de gentes extranjeras a China tuvo lugar durante la dinastía T'ang. Persas, árabes y viajeros procedentes de Grecia e India siguieron la Ruta de la Seda hasta China y muchos acabaron por establecerse allí. Hay ciertos indicios que sugieren que estos inmigrantes influyeron en los diseños utilizados en las artes y artesanías chinas, especialmente en las relativas a los tejidos. Muchas telas chinas llevan motivos que muestran gran similitud con los hallados en los tejidos persas. Lo que es cierto, sin embargo, es que las técnicas y diseños del punto de cruz se extendieron desde muchos de esos países por todo el continente europeo. Es probable que los hombres que fueron a las Cruzadas llevasen a sus hogares telas bordadas procedentes de países de Oriente Medio; y las rutas del comerio y de las especias no sólo transportaban artículos para la venta, sino también a artesanos itinerantes que practicaban sus habilidades allá donde se asentaban. La propagación de los diseños de punto de cruz, desde su lugar de origen hasta tantas y tan diferentes poblaciones, hace difícil identificar cualquier dibujo como propio de una región. Incluso hoy, es fascinante descubrir que existen motivos idénticos en los bordados campesinos tradicionales de países geográficamente tan distantes como Rusia y México.

_____ LA TRADICIÓN INGLESA_____

En Inglaterra, la primera referencia al bordado tiene lugar en un documento que data del año 679 d.C. Durante los siglos siguientes, el bordado enreiqueció las vestiduras ceremoniales, tanto de la Iglesia como de la realeza, y aunque es probable que existiesen versiones domésticas, no has sobrevivido.Hay, sin embargo, pocas pruebas del uso del punto de cruz o de sus variantes en el resto de Europa antes del siglo XVI, con la excepción del escudo de los Caballeros Templarios sobre la Capa Pluvial de Sión, que actualmente se exhibe en el Victoria and Albert Museum de Londres. El punto de cruz comenzó a utilizarse popularmente durante el siglo XVI, en colgaduras, cubremesas, alfombras y fundas de mobiliario, realizado por el elemento femenino de cortes y castillos. Durante este período, el bordado se efectuaba con hilos de lana de fabricación casera o con seda importada de Oriente Medio. Como base se empleaba un tejido de lino conocido como "cañamazo" y el punto de cruz se trabajaba frecuentemente junto con el punto pequeño y el punto de raso o matizado. Se cree que algunos puntos tales como el punto de trazo, o punto Holbein-usado para perfilar las zonas de punto de cruz- fue introducido en Inglaterra por Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII. Los diseños del bordado se copiaban de distintas fuentes, desde tapices tejidos a mano a libros de botánica y jardinería. La Clef des Champs (La llave de los Campos) de Jacques Le Moyne, publicado en 1586, se cita a menudo como una influyente fuente de diseños. En los retratos de contemporáneos de dicho período quedaron recogidos numerosos ejemplos de refinados puntos. Durante el siglo XVI, el mobiliario era pesado y bastante incómodo, y los mullidos almohadones contribuían a proporcionar un bien recibido confort y calor de hogar. En los inventarios de todo este período se observa que los almohadones bordados se empleaban tanto en las casas de los grandes como de los humildes. Un inventario realizado en 1523 enumera almohadones cubiertos de "terciopelo de diversos colores, bordado en oro" y "tafetán de Florencia de color tostado, bordado con ramos".
Las bordadoras del siglo XVI realizaban dibujos emblemáticos, además de los estilizados modelos florales obtenidos de los libros de diseños. Los motivos abstractos se copiaban habitualmente de piezas de tela bordada que llegaban a Inglaterra desde otros puntos de Europa, o de lugares más lejanos. La reina Isabel I tenía fama de ser primorosa con las labores de aguja, igual que María de Escocia, quien ocupó los meses de su cautiverio en exquisitas muestras de bordado -algunas de las cuales han sobrevivido hasta nuestros días- empleando con frecuencia el punto de cruz. Después de la restauración de la monarquía en 1660, la vida doméstica en Gran Bretaña se hizo más confortable. Las mujeres bordaron muchos más objetos decorativos que antes, incluyendo cuadros y mamparas o pantallas que frecuentemente representaban escenas de la Biblia muy realistas. Al prosperar el comercio, los viajeros que regresaban del Lejano Oriente y de América traían consigo nuevas fuentes de diseños. Flores extrañas, animales y pájaros encontraron su puesto entre los dibujos tradicionales de bordado. Al ser adaptados para el punto de cruz, los diseños perdieron, en ocasiones, gran parte de su forma original y se convirtieron en detalles meramente decorativos. Hacia mediados del siglo XVIII, muchas de las grandes mansiones del país disponían de "habitaciones para las labores de aguja", en las que grandes lienzos de punto de aguja y tapices colgaban de las paredes, enmarcados por molduras profusamente talladas. Son embargo, parece que después de esa época, la popularidad del bordado y de las labores de aguja declinó un poco debido, posiblemente, a cambios en la moda del mobiliario doméstico. Cuando los tejidos estampados fueron asequibles en grandes cantidades, la gente contó con una alternativa barata a las pesadas tapicerías y paños de punto de aguja.
En Gran Bretaña, las clases medias comenzaron a gozar de un bienestar cada vez mayor durante la primera mitad del siglo XIX. Esta properidad se debía, principalmente, a los grandes beneficios procedentes de la industrialización, y la clase media notardó mucho en entretener sus ocios con los mismos pasatiempos que antes habían sido privativos de las clases superiores. Desde mediados del siglo XIX en adelante, la mayoría de las mujeres y jovencitas de clase media pasaban gran parte de su tiempo bordando y realizando "trabajos de fantasía" (artesanías tales como el ganchillo, el frivolité y el macramé). Sus casas estaban repletas de almohadones decorados, tapetes, cubremanteles, servilletas, etc., según los dibujos extraídos del creciente número de publicaciones femeninas semanales. Estos artículos se exponían gerneralmente en las habitaciones principales, para decorar y como forma de exhibir las habilidades de las señoras de la casa. El punto de cruz se siguió empleando, sobre todo para muestras, hasta que se extendió por toda Europa y América el interés por un tipo de bordado de punto de cruz en lana, conocido con el nombre de "Berlín".
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.-MUESTRAS -.
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Las mujeres y niñas llevan cientos de años bordando colecciones personales de puntos y diseños. Se denominan muestras o muestrarios y muchos de ellos han sobrevivido hasta nuestros días, formando un archivo excepcional de las labores de aguja domésticas desde el siglo XV hasta el XX. Las muestras se realizaron, en un principio, como un proceso de aprendizaje para ensayar diferentes puntos, técnicas y diseños que podían usarse luego como material de referencia. Los copiaba, probablemente, una primera persona que después los pasaba a otra, y así sucesivamente, lo que explica que aparezcan diseños similares, realizados en diferentes formas.
La referencia más antigua data de 1502, fecha en la que el libro de contabilidad de Elizabeth de York reflejaba la adquisición de "tela de lino para una muestra". Las muestras primitivas esponen flores, frutas, animales, pájaros y figuras, tanto realistas como fantásticas, amén de dibujos en los bordes, que, en muchas ocasiones, se copiaban de los libros de dibujos impresos. Las muestras se trabajaban sobre tela de lino o un cañamazo fino; las hebras de seda, de lino o de lana, se usaban para los diversos puntos y técnicas, como el punto de cruz, el bordado recortado y el bordado con hilo metálico. Las muestras porteriores, especialmente las de los siglos XVIII y XIX, están trabajadas principalmente a punto de cruz, con profusión de textos religiosos y alfabetos.
Durante el siglo XIX, la mayoría de las muestras fueron realizadas por niñas, en colegios y orfanatos, como parte de su educación general. Estas muestras de bordado se centraban en el alfabeto para dar a las alumnas una base sólida en cuanto a la secuencia de las letras, su pronunciación, y también para reforzar su conocimiento de las técnicas del bordado. Después de abandonar el colegio, muchas jóvenes entraban en el servicio doméstico, y poseer un buen nivel alfabético y de destreza con la aguja les facilitaría evitar las serviles tareas culinarias para convertirse, quizá, en la doncella de una dama. Para este puesto era esencial tanto la costura primorosa como un deletreo exacto, ya que gran parte del tiempo había que dedicarlo a reparar prendas de vestir y a marcar la ropa de casa con nombres y monogramas bordados.
Las niñas realizaban habitualmente cada año, durante su vida escolar, una muestra completa del alfabeto y, en la mayoría de los colegios, la profesora conservaba también un libro de los ejercicios de labores de aguja donde anotaba cuidadosamente los progresos de sus alumnas.
Muchos de estos libros han sobrevivido intactos conteniendo muestras del trabajo de cada niña, cosidas o prendidas a las páginas. Además del bordado, se incluían pequeñas muestras de punto de media, ganchillo, patchwork, y otros ejemplos de costura sencilla. Un libro clásico de este tipo fue realizado por las alumnas del Westbourne Union School, de Sussex, durante el período de 1842 a 1844. Cada página del libro está encabezada por una tira de cañamazo, trabajada a punto de cruz, con el nombre y edad de la niña. La mayoría de las muestras del siglo XIX contienen uno o dos alfabetos simples y series de números, enmarcados por una estrecha orla. Las puntadas son, habitualmente, de punto de cruz de colores sobre una tela de lana gruesa u, ocasionalmente, de lino. El punto de cruz corriente y el de marcar son generalmente los únicos puntos empleados en este tipo de muestras. Solía añadirse la fecha de la realización, así como el nombre, apellido y edad de la ejecutante. También se realizaban complicadas muestras monocromáticas, realizadas normalmente por niñas de los orfanatos, que podían contener hasta veinte alfabetos, poemas morales, textos religiosos y motivos de casas, animales y flores. Los textos de las muestras tendían a ser sombríos y respetables. Una de ellas, realizada en 1883, exhibe una diminuta biblia, rodeada por las palabras "Mirad el LIBRO cuyas hojas muestran a JESÚS la vida la verdad el camino". Otras presentan inscripciones como las siguientes: "Dios es amor mora con nosotros el tiempo es corto" y "Recordad a vuestro Padre y Madre en los día de vuestra juventud". En algunas la fraseología es algo más humana; un ejemplo de mediados de la época victoriana dice: "Aquí falta una cifra allí una letra una hecha mal otra mejor". Al igual que el bordado, en los colegios se anseñaba también la costura corriente.
Un manual educativo, Plain needlework in all its branches, publicado en 1849 para su uso en la National Industrial School of the Holy Trinity, en Finchley, Londres, establecía la necesidad que tienen todas las mujeres del "conocimiento práctico de las labores de aguja... y más aún en el caso de mujeres de condición humilde, ya sea con vistas a la economía y pulcritud domésticas, ya como ocupación lucrativa desde el punto de vista pecuniario". El manual enumera doce puntos básicos, e incluye el punto de cruz, el bordado de ojales y el punto escapulario. Las muestras de costura se trabajaban sobre lino o algodón blancos, e ilustraban las diferentes técnicas para realizar las prendas y ropa de hogar de la época. Primero se hacía la muestra del dobladillo a vainica y luego la de zurcidos. También se incluían ojales, cubrebotones, corchetes, presillas de tela, ojetes, galoncillos y otras diversas técnicas de costura, y entallado, com pliegues y fruncidos. Estos muestrarios exhiben frecuentemente exquisitas obras de artesanía y muchos incluyen aspectos decorativos, como nombres y fechas, trabajados a punto de cruz o a punto de cadeneta.